L A D I N A S T Í A A R T Í S T I C A D E L O S G A R N E L O
cabe el sueño del olvido, puedes dar, como consuelo,
fe y amor te he consagrado: ni luces para tu cielo,
¡Que nunca fue desalmado ni ambiente para tus hijos!
el corazón bien nacido! Grande, muy grande quisiera
Yo quisiera, con más gozo poder dibujar tu gloria,
recordarte, Patria mía, más, ¡ay!, que tu pobre esfera
hallar en ti mi alborozo no se merece siquiera
y quererte, sin embozo, ni una página de historia.
lo mismo que te quería. Así es rara consecuencia
que en tu suelo se reúna
Fuiste ingrata por mi nombre la desgracia y la opulencia,
al dar premio a mi cariño: y que en tu misma indigencia
no te extrañe, no te asombre, tome savia tu fortuna.
que hoy aborrezca de hombre Por eso, aunque de profundo
lo que adoré cuando niño. pesar el alma se llene:
¿Por qué mi sosiego heriste? ¡Tus hijos, pueblo fecundo,
¿Por qué en mi zozobra inmensa, van errantes por el mundo
al verme agitado y triste, como el que patria no tiene!
para mi afán no tuviste Tus brisas, tu sol errante,
ni halago, ni recompensa? que allá en Caroche desmaya;
¡Triste Patria, humilde suelo, tu campo, asaz inconstante,
que entre azares prolijos tu bella torre gigante
y el pico de la Atalaya...
Todos son recuerdo vivo,
voces mudas que no cesan,
memorias que aquí recibo,
con tan dudoso motivo,
que amargan si me embelesan.
¡Ay, que se destaca a veces,
con más dominante imperio,
recordándome reveses
entre callados cipreses
la sombra del cementerio!
¡Allí mis prendas mejores,
las que engendraron mi aliento,
las que fueron mis amores,
como polvo entre vapores
habrá arrebatado el viento!
Y de ellas, ¡ay! cuando vaya
a buscar en claro día
la huella que fácil haya
y el goce que el pecho explaya
soñando lo que tenía,
no hallaré más que desierto,
donde dejar mis penas,
el triste llanto que vierto,
rodando entre polvo incierto
que fue sangre de sus venas.
Triste patria, mi saludo
no es sonrisa halagadora
ni canto de amante rudo:
es lamento osado y mudo
del que te infama y te llora.
Mas odio hacia ti no siento,
pues tienes en ti guardadas
tan vivas como presiento,
con los ecos de su acento,
“Manuel Garnelo y Alda”. Óleo/lienzo, 66 x 44 cm. Museo
las luces de sus miradas.
Garnelo. Y en mis horas de retiro,
94
J . G a r n e l o n º 2
Page 1 |
Page 2 |
Page 3 |
Page 4 |
Page 5 |
Page 6 |
Page 7 |
Page 8 |
Page 9 |
Page 10 |
Page 11 |
Page 12 |
Page 13 |
Page 14 |
Page 15 |
Page 16 |
Page 17 |
Page 18 |
Page 19 |
Page 20 |
Page 21 |
Page 22 |
Page 23 |
Page 24 |
Page 25 |
Page 26 |
Page 27 |
Page 28 |
Page 29 |
Page 30 |
Page 31 |
Page 32 |
Page 33 |
Page 34 |
Page 35 |
Page 36 |
Page 37 |
Page 38 |
Page 39 |
Page 40 |
Page 41 |
Page 42 |
Page 43 |
Page 44 |
Page 45 |
Page 46 |
Page 47 |
Page 48 |
Page 49 |
Page 50 |
Page 51 |
Page 52 |
Page 53 |
Page 54 |
Page 55 |
Page 56 |
Page 57 |
Page 58 |
Page 59 |
Page 60 |
Page 61 |
Page 62 |
Page 63 |
Page 64 |
Page 65 |
Page 66 |
Page 67 |
Page 68 |
Page 69 |
Page 70 |
Page 71 |
Page 72 |
Page 73 |
Page 74 |
Page 75 |
Page 76 |
Page 77 |
Page 78 |
Page 79 |
Page 80 |
Page 81 |
Page 82 |
Page 83 |
Page 84 |
Page 85 |
Page 86 |
Page 87 |
Page 88 |
Page 89 |
Page 90 |
Page 91 |
Page 92 |
Page 93 |
Page 94 |
Page 95 |
Page 96 |
Page 97 |
Page 98 |
Page 99 |
Page 100