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Jesús, Manantial de Amor
Como el ciervo busca las aguas vivas,
mi alma te busca a ti, Señor.
Veneno me han dado por comida
y en mi sed me han abrevado con vinagre.
Salmos 42, 69:22
aquel niño entre pajas, que nació en el establo, nuestro padre Jacob, el que nos dio este pozo
Y
tras el sabor primero, virginal, de la leche del que bebiera él mismo, sus hijos y rebaños?”
de su madre tan niña, fue aprendiendo ya hombre Y respondió Jesús:
el sabor de otros frutos más oscuros y amargos: —“Quien beba de este agua volverá a tener sed,
el sabor de la insidia, la maldad, la asechanza; pero aquel que bebiere del agua que yo diérale,
y luego tuvo sed, tuvo hambre, y las piedras no tendrá sed jamás, que el agua que yo ofrézcole
bajo el sol del desierto eran panes de piedra, se hará en él una fuente que salte hasta la vida
y la sed agrietaba como un barro su lengua, eterna”. Y la mujer exclamó: —“Señor, dame
pues era Hijo del hombre, y así sufren los hombres, de ese agua y así ya no tendré más sed
pero también de Dios, y para Dios no hay nada ni tendré que venir ya aquí para sacarla.
que le sea imposible. Y en aquellos desiertos Dame, Señor, de ese agua”.
el amor de Él surtía como un agua muy diáfana
y muy fresca al oreo protector y sagrado Y fueron acercándose al oír sus palabras
de su sombra de olivo todos cuantos vagaban por aquellos lugares:
frondoso de palabras y palomas en vuelo los niños como lirios con rocío en las manos,
en la paz de la tarde silenciosa y benigna. los ciegos que entreveían la luz entre las sombras,
los sordos que sentían el balbucir del agua,
Y en el último día, el mayor de la fiesta, los mudos cuyos labios desgranaban su música,
se detuvo Jesús y alzó la voz diciendo: los de corazón sórdido que se sentían lavados
“Si alguno tiene sed, que venga a mí y que beba. por el hontanar vivo que iba lavando el mundo
El que creyere en mí, según las Escrituras, hasta hacerlo tan claro como sus propias aguas.
arroyos de agua viva correrán por su seno”.
“Venid, pues a mí todos los que estáis fatigados Y luego fue Jesús por todos los caminos
de llevar vuestra carga, que yo habré de aliviárosla. predicando la Buena Noticia que traía,
Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended y el polvo que Él pisaba se estremecía al hollarlo,
de mí, pues que soy manso de corazón y humilde, y al peso de sus plantas se estremecían las piedras,
y en ello vuestras almas hallarán su descanso, y al paso de su sombra la hierba se esponjaba,
pues que mi yugo es blando y su carga ligera”. y al rozarlos su túnica los cardos florecían,
y por aquellos yermos volviendo iba la vida.
Pero aquel Dios humano también sintió la sed,
con su túnica blanca cansada de caminos Y viendo a tanta gente subióse hasta un collado,
cuando sus pies cruzaban los eriales del mundo; y cuando tomó asiento, los suyos acercáronsele,
y tuvo sed lo mismo que el camellero errante y abriendo así su boca les enseñó diciendo:
que atraviesa el desierto y sus yermas arenas, “Bienaventurados sean los pobres de espíritu,
y la volvió a sentir poco antes de la muerte porque a ellos pertenece el reino de los cielos.
cuando hasta de su Padre se sintió abandonado, Bienaventurados los mansos, porque ellos
y “Tengo sed” nos dijo, exangüe en su calvario, poseerán la tierra, y también los que lloran,
y nos pidió agua a todos desde su árbol de sangre, porque hallarán consuelo. Y los que tienen hambre
florecido de lágrimas, sólo un vaso de agua, y han sed de justicia, porque al fin serán hartos;
hasta aquel punto Él era tan igual a nosotros. los misericordiosos, que alcanzarán un día
misericordia; y bienaventurados
Y aquella mujer díjole: los de corazón limpio, porque verán a Dios.
—“¿Cómo siendo judío, me pides de beber Y también los pacíficos, porque serán llamados
a mí, samaritana…” hijos de Dios. Bienaventurados
Y respondió Jesús: los que son perseguidos de la justicia porque
—“Si conocer pudieras el don de Dios y quién de ellos también será el reino de los cielos”.
es el que está diciéndote que le des de beber,
tú a Él le pedirías y Él te daría agua viva”. Y aquella voz manaba como serena música
desde el hondón divino de las aguas eternas;
—“Pero, Señor, no tienes con qué sacar el agua y el viento de la tarde llevaba sus palabras
y este pozo es bien hondo; ¿de dónde ha de venirte como un agua lustral con que lavar el mundo
ese agua viva? ¿Acaso más grande eres Tú que y curar las heridas y las llagas del hombre:
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J . G a r n e l o n º 2
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