E L P A I S A J E O C U L T O E N L A P I N T U R A D E G A R N E L O
pintura tiene un sentido más allá de lo pinta- mente se relaciona con el retorno a la natura-
do, alcanzan un estado distinto, otro, extraño, leza y ésta no siempre es complaciente. La tras-
paisajes de luces y materia azul, que conquis- cendencia en la naturaleza no debe convertirla
tan la distancia exterior de lo que se ausenta. en escenario donde suceden las cosas que pa-
Por tanto, el dilema que se propone es saber san, no sólo a través de la vivencia naturalista
si con el paisaje Garnelo quiere llegar a la na- donde se concede más importancia a la luz,
turaleza, al arte o bien superar esta escisión sino en el encuentro en las formas naturales
en una ampliación de ambos lugares en algún de las pinceladas o el empaste. La superficie
espacio del extrañamiento. ¿Acaso el oculta- porosa del lienzo debe ser el paisaje abierto,
miento no forma parte del arte? No se trata ¿no es acaso el paisaje lo pintado? No se trata
de guardar por vanidad o temor, la verdad sólo de copiar, es interpretación. Por tanto, el
acontece misteriosamente, entrelazando lo vi- mundo natural se transfigura en arte por me-
sible y lo invisible, dejando pasar al lienzo el dio de la unión de lo pintado como modelo
vacío que antecede a la expresión arrebata- donde trabajar. La naturaleza encendida como
da, la pintura guarda silencio. No son propia- origen del arte es lo que indican los paisajes
mente pinturas de estudio, son más bien fruto de Garnelo, ocultación que en realidad es la
de la paciencia que quiere retener el instante, constatación de lo sublime: “ella, la que nos
pinturas que, por suerte, a veces parecen in- rodea y a quien per-
acabadas, respondiendo a las vicisitudes del tenecemos, es la que
El mundo natural se transfigura
artista que quiere comunicar con el mundo, aporta al caudal del
compartiendo el pensamiento de Pessoa: estar artista los elementos
en arte por medio de la unión
a la altura de lo que vemos. de la armonía, que
de lo pintado como modelo
son a una: verdad,
emoción y armonía,
donde trabajar
5. LA NATURALEZA DEL PAISAJE
En la pequeña tabla titulada Huerta
de Enguera, el pintor quiere darnos la espal-
da, pero en modo alguno hay que entender-
lo como una separación del hortus conclusus
donde no recorta la figura sino que la acoge,
es una inmersión semejante al modelo interior
de la pintura de Vermeer o Velázquez, cómo
alcanzar la realidad de lo pintado mientras el
modelo va fluyendo. Esa misma afluencia en
el paisaje significa que el instante de la pintura
y de la naturaleza coincide en la soledad del
pintor que no quiere dejar de pintar la forma
del tiempo. ¿Qué sujeta en realidad? ¿Acaso
la pintura tiene ese carácter íntimo y placen-
tero que con trazos rápidos, casi esquemáti-
cos, quieren llegar a la luz del aire? ¿Colores
que rozan la neutralidad donde desaparecer?
Garnelo no busca aquí en la geografía o en
la historia, el espacio de las conmemoracio-
nes deja paso a la proyección de lo vivido, las
ruinas son la Pompeya eterna donde deposi-
tar el recuerdo de un mundo olvidado donde
trascender.
¿Qué sentido tiene ahora buscar el
anhelo garneliano? En la actualidad puede
pasar desapercibido el intento por dejar atrás
la pintura de historia, el dibujo académico o la
continuidad de la tradición figurativa que des-
de principios de siglo se vería relegada paula-
tinamente a un segundo plano. El intento por
continuar en una dirección paisajista responde
“Vista de Calatañazor”. Óleo/cartón, 40 x 29,5 cm. Museo Garnelo. Obra dona-
a la creencia en una pintura que tradicional-
da, el 23 de noviembre de 2006, por Don Rafael Cabello de Alba y Gracia y Doña
Eulalia Merino Méndez.
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J . G a r n e l o n º 2
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