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LA REVISTA DEL I.E.S. FCO. DE GOYA
espacial de la pequeña ciudad de Valognes, en La felicidad en el crimen, sirve de escenario para la
coexistencia de dos mundos diferentes. De una parte, el público ordinario, sometido a las reglas y,
de otra, los seres fuertes que transgreden las normas como los dos amantes, Hauteclaire y Serlon.
También la impasible y poderosa pantera negra, enjaulada, pertenece simbólicamente a una región
exótica, la isla de Java – isla no civilizada –, que no tiene nada en común con el París de mediados de
siglo.
La pantera constituye para los curiosos lo que Hauteclaire y el conde representan para los
habitantes de Valognes. Los dos amantes comparten más afinidades con la pantera que con el resto
de la humanidad: « He aquí el equilibrio reestablecido entre las especies! » Barbey nos invita a desvelar
la equivalencia y el equilibrio entre el mundo animal y el humano.
La primera descripción de Hauteclaire imita a la de la pantera que sirve de simbolismo a la
animalidad de la heroína:
« Negra, ligera, […] la mujer, la desconocida, estaba como una pantera negra, erguida ante la
pantera animal que eclipsaba».
Esta comparación atribuye al personaje central un carácter salvaje y agresivo, que, junto a la
pantera, comparten cualidades comunes: belleza, fuerza, orgullo y superioridad. La provocación adquiere
visos de salvajismo y crueldad con la finalidad de subyugar a su modelo, con lo que la « pantera humana
» eclipsa, humilla a la « pantera animal », y no sólo golpea con su guante el hocico de su rival, sino que
Serlon, su amante, manifiesta una verdadera adoración por este miembro invencible: « Besó el puño
con furor »; en realidad, tanto la pantera como el amante son literalmente domados y dominados por
esta mujer. Vestida del mismo color que el animal, demuestra ser superior a él en fuerza y misterio:
« Eh! eh! pantera contra pantera !-dijo el doctor, pero el satén es más fuerte que el terciopelo.
El satén, era la mujer.
Los felinos son instintivos y ponen de manifiesto su crueldad, por ejemplo en Le Plus Bel Amour
de Don Juan, la marquesa posee esta cualidad, pero no puede ser cruel, sus garras, que imagina
ostentar, fracasan cuando las necesita: « […] arañaba con el terciopelo ».
La heroína de La Vengeance d’une Femme merece el sobrenombre de pantera, cuyos juegos
eróticos atraen la imaginación del creador y son de una fervorosa ferocidad:
« Era tan fiera y obstinada, que parecía que quería perder su vida o arrebatársela a alguien, en
cada una de sus caricias ».
A este tipo de mujer pública, la literatura y, particularmente, Gavarni las ha inmortalizado
denominándolas « panteras ». Philippe Berthier garantiza que la temática de las grandes fuerzas
naturales, sobre todo la de las fieras, está ligada a la pasión, considerada como un poder de destrucción
salvaje.
Estas narraciones son escandalosas, las heroínas se convierten en un animal fiero e inhumano,
cuyo peligro es fascinante, por este motivo, el amor feroz las conduce a la
destrucción.
Reptiles
La manifestación de la pantera feroz a la serpiente pérfida expresa la
obsesión del autor por el mundo animal. La imagen literaria del reptil es una
constante en los relatos de Barbey, cuyo origen se remonta a la mitología egipcia
e indoeuropea. El simbolismo de la serpiente se refleja, sobre todo en los
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