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2 Habitus y mapas conceptuales.
El mapa conceptual ha propiciado transformaciones en las formas del “pensar” y del “hacer” científico. Su
expansión y diversificación puede dar lugar a cambios en las formas de escribir y leer. Su uso en la
investigación ha sido una de sus primeras aplicaciones, Novak y su equipo utilizaron el mapa conceptual
como herramienta para la comprensión de la teoría de Ausubel (Novak, 1998, p.75).

La adquisición y el aprendizaje de habilidades y destrezas mentales implican modificar las formas de
concebir y elaborar el conocimiento independientemente de la disciplina científica y humanística de que se
trate. Involucra un proceso de reflexión acerca de los modos de comprender, explicar, ordenar y representar la
realidad ya sea natural o social. Por ello es necesario la constitución de nuevos habitus; la transformación de
las disposiciones físicas y mentales para orientar los actos, las prácticas y los discursos en el mundo social
(Bourdieu, 2003), para aprender y reproducir cambios y variaciones en los modos de ordenar y representar el
mundo, en particular el mundo de la cultura, de la cual forman parte las ciencias en general. En ese sentido, la
práctica de escritura del mapa conceptual es parte de la transformación del habitus y por ello es un objeto en
tensión entre la resistencia y la innovación del instrumental (utillaje mental) del historiador.

El mapa conceptual condiciona los contenidos en la medida en que establece los límites de los actos de su
escritura y lectura, se establece una tensión entre la pretensión del creador y la restricción del habitus. El
creador elabora y sistematiza por medio de la formulación de problemas e hipótesis de investigación,
conceptos y teorías para explicar la realidad mediante el conocimiento, ello implica un lenguaje, un discurso y
una estructura narrativa, en otras palabras: el “autor” escribe la realidad, esto es, la descompone, la fragmenta,
la examina, y la articula, para que un “lector” se apropie e interprete lo escrito. Como cualquier otro texto, el
mapa conceptual se encuentra sujeto a las prácticas de lectura y escritura (Aguilar Tamayo, 2004, 2005) y en
el caso del campo del conocimiento histórico también estará sujeto a las regulaciones y tensiones de las
prácticas de investigación en la disciplina.

El mapa conceptual adquiere relevancia en los dos espacios, en la escritura y en la lectura. El mapa
conceptual, como el texto escrito, es limitado y público (Aguilar Tamayo, 2004, , 2005), aunque todo autor
busca controlar la lectura del lector esta se emancipa con base en sus experiencias, sus ideas, sus creencias,
sus prácticas y la comunidad académica a la que pertenece, en suma, conforme a su horizonte cultural realiza
el acto de “leer”, dotando de sentido al conocimiento, a la realidad que éste representa (Gadamer, 1994). El
mapa conceptual es un medio que condiciona lo que se dice, el modo en que se produce, se preserva, se
transmite, se apropia y se dice, esto es, las maneras de interpretar la realidad, de percibirla, ordenarla y
expresarla (Viñao Frago, 1999), como técnica el mapa conceptual es reproducible y transferible, es un medio.
El horizonte cultural y el habitus de creadores y lectores son procesos de potencia y restricción a la práctica
de escritura con mapas conceptuales.
3 Escritura y mapa conceptual
El mapa conceptual es un texto sujeto a la interpretación del lector. La producción y la interpretación
dependen de contextos y prácticas. La técnica del mapa conceptual establece ciertas normas que hacen que la
producción y la interpretación tengan un cierto grado de estabilidad. Sin embargo, de igual forma que ocurre
con los textos escritos, la interpretación no sólo requiere de la comprensión de un código alfabético y visual,
existen ideas, teorías y conceptos que sirven para dar sentido al texto que se construye o se lee. El sentido del
mapa conceptual no es la suma de las proposiciones que lo componen, sino los significados que son
representados por la proposiciones y que guardan relación con conceptos, teorías y contextos en los que se
produce y lee (Aguilar Tamayo, 2004).

Las representaciones externas ayudan al pensamiento, ciertas operaciones lógicas o de razonamiento sólo
son posibles si se apoyan en un sistema de representación externa (Aguilar Tamayo, 2005). Las notas y
cuadernos de trabajo son un ejemplo de ello, también lo es el uso del sistema numérico y del álgebra para
ayudar a resolver operaciones matemáticas (Wertsch, 1985). La representación del conocimiento científico
toma formas específicas (Locke, 1997), por ejemplo, reportes de investigación, artículos y libros, sus
convenciones de escritura y presentación ayudan a dar estabilidad a la construcción e interpretación de los
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