adorna las calles con sus tradicionales alfombras y nos hace presente al inolvidable Juan
Moreno Falcón, conocido en la ciudad por sus vistosos diseños de pétalos de rosas,
arena de caracolillo y serrín, así como de hermosas carrozas en los eventos patronales;
su memoria aguarda un merecido reconocimiento. Este día nos pone en relación con el
hermoso dicho de nuestros antepasados: Tres jueves hay en el año que relucen más que
el sol, Corpus Christi, Jueves Santo y el Día de la Ascensión. ¿Y quién no recuerda,
cuando llega el Corazón de Jesús, aquellas celebraciones de la comunión reparadora
todos los primeros viernes del mes, con misas sólo para hombres?
Y por último, nos situamos ante nuestras fiestas patronales, que en el año 1943 se
desarrollaban en cuatro días solamente. Aquel año se realzaron con un especial
acontecimiento, pues a las cinco de la tarde del día del Santiago, se disputaba un gran
partido de fútbol entre los equipos de primera categoría Marino y Gran Canaria, con
motivo de la inauguración del Estadio de Barrial. Poco a poco fueron recibiendo nuevas
aportaciones y hoy cuentan con un extenso programa de actos religiosos y populares que
llenan todo el mes de julio.
Quien los hizo posibles fue nuestra “gente de antes”, autora también de todo el
acontecer que ha desembocado la actual sociedad galdense: gobernantes, sacerdotes,
guardias civiles y locales, médicos, practicantes, farmacéuticos, maestros, panaderos,
molineros, albañiles, albeadores, pedreros, herreros, carpinteros, pintores, jardineros,
sepultureros, operarios de limpieza o latoneros.
Y no olvidemos a los barberos del pueblo, fieles notarios de infinidad de tertulias
que se organizaban en sus locales: Vicentito y Gilberto Román, Emilio Osorio, Pedro
Acedo, Santiago Cabrera y su hijo y Borito Quintana; sólo en el establecimiento de este
último podían leerse las populares revistas cubanas, por entonces prohibidas, Carteles y
Bohemia.
No menor era el protagonismo de los bares, donde se pagaba a los jornaleros,
tales como el de Cayetanito, el de Santiaguito Moreno y del de Juanito “el de La Riva”.
Acompañados de un refresco, y los más valientes de un vino de la pipa, contábamos
nuestras aventuras, en las que, con el calor del ambiente, terminábamos creyendo como
si fuesen verdades. La tienda de aceite y vinagre de Fefita, como todas, por un lado
ofertaba ultramarinos y, por una esquinita, bebidas; era muy famosa por los pulpos en
salsa que se cocinaban en un tradicional caldero de aluminio. Incluyamos junto a ella los
“rebosados” de Eugenio Guillén, frente al Teatro Municipal, las caballas de Vicentito
26
Page 1 |
Page 2 |
Page 3 |
Page 4 |
Page 5 |
Page 6 |
Page 7 |
Page 8 |
Page 9 |
Page 10 |
Page 11 |
Page 12 |
Page 13 |
Page 14 |
Page 15 |
Page 16 |
Page 17 |
Page 18 |
Page 19 |
Page 20 |
Page 21 |
Page 22 |
Page 23 |
Page 24 |
Page 25 |
Page 26 |
Page 27 |
Page 28 |
Page 29 |
Page 30 |
Page 31 |
Page 32 |
Page 33 |
Page 34 |
Page 35 |
Page 36 |
Page 37 |
Page 38 |
Page 39 |
Page 40 |
Page 41 |
Page 42 |
Page 43 |
Page 44 |
Page 45