12 de octubre, La Montaña, Nuestra Señora de Fátima.
Convoco también a todos los habitantes de La Montaña, mi barrio querido, en el
que nací y he vuelto a vivir, después de diez años en Las Casas Baratas, donde tuve el
honor de participar en la fundación de la asociación vecinal más antigua del municipio, la
Asociación de Cabezas de Familia. El inolvidable don Gonzalo Fernández Parrilla, primer
párroco del lugar, impulsó esta novedad social, poniendo a su disposición todas las
instalaciones de la Ermita, que albergaron simultáneamente al conocido Grupo de Teatro
Ajódar. Quiero recordar aquí, a mi amigo Celso Martín de Guzmán cuando me decía:
“Ángel, tú vas a ser el culpable de que a la Montaña de Gáldar la conozcan por Ajódar”.
Lo decía a propósito de una de las estrofas del himno del Grupo: Nuestro nombre es
Ajódar, nombre de la Montaña, donde nació este grupo, con muchas ilusiones, en la
ciudad de Gáldar. Me dirijo a todos los eruditos para dejar sentado que Ajódar está en
Gáldar y es de Gáldar. No está en el Sur. Para Santa María de Guía es el Pico de la
Atalaya; para nosotros, la Montaña de Gáldar. Ésa que inspiró al poeta Manuel Padorno,
como quedó recogido en su libro Una bebida desconocida. Así se la denomina en el
artículo Batalla de Ajódar y Conquista de Gáldar, publicado en 1898 por José Zacarías
Batllori y Lorenzo, redactor jefe del Diario de Las Palmas y cronista oficial de Gran
Canaria y recogido en mi libro El Auto de los Reyes Magos. Inserto también un fragmento
del poema de la Madre Mercedes, del Convento y Colegio de las Siervas de Jesús
Sacramentado, en 1919: ¿Cómo no amarte quien miró tu suelo, a Ajódar la magnífica
hermosura, cayendo desplegada de la altura, con la regia amplitud del terciopelo? Hago,
pues, un ruego: reivindiquemos lo que nos pertenece; no permitamos que, por nuestras
diferencias de expresión, otros saquen mejor partido
Allí, en la Iglesia de La Montaña, realizada con tantos sacrificios por nuestros
viejos canteros, en colaboración con todo el vecindario, veneramos y cantamos a la
imagen de Nuestra Señora de Fátima:
No me abandones cuando yo te abandone
sígueme con tu celestial mirada
llámame cuando me esconda
ven en mi busca cuando huya
átame cuando me resista a ti
levántame cuando caiga
y condúceme por tu camino cuando me desvíe.
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