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15 de septiembre, Sardina del Norte, San Pedro González Telmo

Me dirijo ahora a La Cuesta de las Verguillas, Los Condenados, Corralete, Llanos
de Caleta y Sobradillo, a todos los marineros del Faro, a todos los núcleos, en fin, de
Sardina del Norte, con su paseo marítimo de San Pedro González Telmo y Nuestra
Señora del Carmen. A esta hermosa barriada, con su centenario puerto, declarado “de
interés general” en 1895. La “prima terra” de la Antigüedad, luego puerto y puerta de
Gáldar, que inspiró a los hermanos Rodríguez Batllori su conocida obra Sardina, Puerto
del Atlántico. En su prologo, Rumeu de Armas nos recuerda que, en 1478, recaló la
escuadra portuguesa bajo el mando del almirante Jorge Correa, decidida a interferir las
operaciones de conquista de la isla de Gran Canaria. La negociación con los aborígenes
canarios tuvo como escenario Sardina del Norte. Poco tiempo después, tuvo lugar un
ataque lusitano, que terminó el más rotundo y completo de los fracasos.
Fue aquí donde se escenificó por primera vez Tábata y el Nuevo Mundo, con el
patrocinio de la Fundación Colombina Carabela La Niña III, lo que ha quedado recogido
en la inscripción de un monumento en la explanada del Muelle Viejo. Este monolito está
unido, desde su origen, a otra señal para la memoria, a uno de los vecinos más
recordados. Hablo de Pepe Ojeda, cuya barca está colocada en la rotonda de entrada
gracias a la donación de su mujer, Pepa Luisa Ramírez Rodríguez y de sus hijos. Es una
embarcación que inspiró muchos de los trabajos literarios de nuestro paisano, profesor de
la Universidad Complutense, Antonio Manuel González Rodríguez que le evocaba
diciendo: Pepe Ojeda fue una verdadera institución en Gáldar, un símbolo de generosidad
y entrega, cuya vida y recuerdo pertenecen a todos los galdenses que nos sentimos
orgullosos de haber contado de su amistad inquebrantable. Pescador y barca salvaron la
vida a otro galdense de pro, Benjamín Díaz-Zorita Aguilar, actualmente cirujano del
Hospital Gregorio Marañón de Madrid, quien afirmaba en una misiva que me envió para el
día de la inauguración: Supongo que, al pasar por esa plaza, veré como se alargan unos
brazos, para mí enormes, hacia los míos y me arrancan de un problema. Es otro motivo
más para siempre volver a mi ciudad de Gáldar. La vecindad, en reconocimiento a este
inolvidable navegante, ya ha generalizado el nombre de Rotonda de Pepe Ojeda. Son
símbolos que le dan prestigio a la barriada.





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