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Además, estoy seguro de que coincidirán conmigo en que Pinito en persona merece
un debido reconocimiento, ya que ella representa dignamente a todos esos que,
como referí antes, permanecen en el anonimato, porque tiene un “déjame entrar”
ante el que nadie se atreve a negar nada. Por eso pregunto: ¿A qué se está
esperando para rendirle un justo homenaje oficial? A título meramente personal,
estimo que la bajada que tenemos a la entrada de este salón podría denominarse
“Bajada de Pinito” y que una placa en el jardín daría fe de su entrega a esta
barriada, tal como se procedió con Enriquito el Yerbero y con Bartolito el del
Molino. Hágase lo que se haga, aprovechemos que todavía está entre nosotros.
Y si de reconocimientos hablo, ¿como es que todavía no se ha acometido el que
corresponde a esta Asociación? A veces, han sido las propias asociaciones las que
se han autorreconocido. Sucedió así con la colocación en esta sede de una placa
con motivo del vigésimo quinto aniversario de la entidad, en la que se cita a
distintas instituciones. Sin embargo, no tengo noticias, de que alguna
administración, llámese regional, insular o local haya mostrado una justa
deferencia. Creo que aún estamos a tiempo. Como puede verse, en tan solo
veintisiete años, los vecinos de esta Cañada han pasado a disfrutar de un espacioso
local, dotado de un magnífico mirador acristalado, inspirado en los de César
Manrique. Nuestra corporación municipal, acertadamente, ha comenzado este año
a otorgar distinciones en este sentido; la primera ha ido, con justicia a Barrial.
Esperemos que una de las próximas venga a Cañada Honda.
Aquí tiene su sede la escuela de adultos, se imparten clases de apoyo, de
informática, de ocio y tiempo libre y de ayuda a la familia; se han realizado cursos
de cocina, y actualmente, como ya hemos dicho, se imparte uno de corte y
confección.
Es particularmente triste, que a estas alturas, se deba seguir recurriendo a los
juegos de azar para afrontar los gastos que conllevan las actividades vecinales,
corriendo grandes riesgos ante las autoridades. ¿Es que no hay otra solución?
Entiendo que las instituciones no deben limitarse a colaborar cuando llegan las
fiestas, con detalles puntuales. Como acostumbra a decirse de los grupos
folclóricos, no solo hay que pensar en el coste de las actuaciones, sino que ha de
considerarse que, durante todo el año, se requiere el mantenimiento de los
instrumentos y la disposición de un local social. La mayor parte de los que nos
dedicamos a la cultura, invertimos en ella nuestro tiempo de ocio, sin esperar
remuneración alguna. Lo hacemos porque nos gusta, y especialmente porque
queremos dar a los que nos siguen algo mejor de los que hemos recibido. De este
modo, la mayor parte de las sedes de los colectivos culturales de nuestra ciudad
están instaladas en domicilios particulares. Hago constar que no persigo el
objetivo de que se retiren tales juegos, sino que se practiquen en las asociaciones
precisamente como juegos, no como obligaciones. Es fácil ver a algunos
presidentes cantando los números, como si de un bingo se tratara, porque no queda
más remedio. La consecuencia es la desmoralización, al impedir estos menesteres
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