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Cañada Honda, como todos los años por estas fechas, se pone sus mejores galas,
para recibir a propios y extraños, porque para todos son las fiestas. Acudamos a
cada uno de los actos programados. Es la mejor ocasión para vernos de nuevo, para
charlar de nuestras familias, de cómo van los estudios de nuestros hijos, de quiénes
se han casado, de qué nuevos vecinos tiene la barriada. No sólo participemos con
nuestra presencia, sino que nos ofrezcamos para todo aquello en lo que podamos
colaborar. Porque la fiesta no es únicamente de quien la organiza: es de todos.
Disfrutemos con ella.

Santa Teresa de Jesús nos agradecerá su procesión del día principal.
Acompañémosla con fe y con devoción. Con la misma fe de aquellos vecinos que
encargaron a nuestro insigne escultor Borges Linares su imagen, que hoy brilla en
la gruta de una de nuestras pedreras. Todos anhelamos que en los planes
municipales se incluya una cubierta bastante amplia como para albergar a tantos y
tantos feligreses que cada año se acercan a ella, y que Cañada Honda cuente, como
una barrio más, con su correspondiente ermita, en armonía, por supuesto, con las
especiales características de su entorno. Me la imagino con una gran cubierta
apoyada en pilares al descubierto, y tallados, al igual que los asientos en cantería
galdense.

La Asociación, que hoy disfruta de unos enormes y preciosos salones, tuvo que
recorrer una verdadera peregrinación de siete estaciones antes de llegar aquí.
Entiendo, por ello que constantemente hemos de recordar a los que confiaron en
los primeros promotores, para ceder sus humildes locales: Isidro Godoy, Pablito
Monzón, Juan Montesdeeoca, Clemente Pulido, Genoveva Pérez y Eulogio
Santana. No perdemos la esperanza de ver, con el tiempo, junto a la placita actual
un gran espacio que ocupará la totalidad de la pedrera y que servirá de
esparcimiento para toda la barriada. Ya se ha procedido así con la de Pedro
Maitola, donde hoy se emplaza el Polideportivo y el Terrero de Luchas de La
Montaña; con la de Juan Daniel Mendoza, convertida en un aparcamiento; o con la
de José Mederos, en la que disponemos del Campo de Fútbol de Cañada Honda,
que lleva el nombre de Sebastián Tacoronte Rodríguez.

Ante todos estos proyectos, hay un hecho que quiero resaltar. Cuando hablamos de
Cañada Honda, siempre se nos escapa la expresión de “Allá-tras, en los rolizos”.
Poco a poco, esta expresión tiende a desaparecer, no sólo por la integración que se
va produciendo con la amplitud de las calles y la fabricación de viviendas que
acercan al casco, sino por las nuevas numeraciones de sus viviendas. Permítanme
que recurra a un símbolo. Todos sabemos que el cifrado de las calles siempre se ha
desarrollado a partir del edificio del Ayuntamiento. Actualmente, quien representa
al municipio, su dignísimo Alcalde, don Teodoro Sosa, ha fijado su residencia en
el lugar de sus raíces, en Cañada Honda. La numeración, a partir de ahora,
comenzará desde Cañada Honda hacia el resto de la ciudad. Por supuesto, se trata
de una broma. Pero no es cosa de burla recordar que Cañada Honda, desde sus
orígenes, ha desempeñado una función de gran importancia en la economía de
Gáldar, por medio de la caña de azúcar, la pesca y la cantería de sus pedreras,
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