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Guedes, Claudia González Calcines, Francisca Gutiérrez, Heriberto Peña Jorge,
Alejandro Santana Pérez y el actual Eugenio Jordán Rodríguez

Pero aquí no hemos venido para enunciar problemas, aunque no está de más que de
pasada recordemos algunos. Hoy estamos aquí para pregonar las fiestas que en
honor a Santa Teresa de Jesús, con enorme ilusión, ha preparado la comisión que
se ha elegido al efecto, y que no es otra que la propia directiva de la Asociación. Se
busca, sobre todo, que toda la vecindad de esta Cañada, que por cierto es la más
honda que tiene nuestra montaña, haya hecho un parón en sus quehaceres, o al
menos éstos queden amenizados durante casi dos meses por buena música y por
buenos actos culturales, en una palabra, por una buena fiesta. Siempre se puede
buscar un poco de tiempo para participar, ya que se ha confeccionado un amplio
abanico de posibilidades en las horas más asequibles a todos. Y si alguna que otra
mañana, debido a la asistencia a un acto el día anterior, se nos hace pesado el
levantarnos, ya habrá hora de que podamos recuperarnos, porque “lo que se hace
solo una vez al año no hace daño”.

Pero antes de extenderme en hablarles de los actos que se celebrarán, y haciendo
honor a lo que dije al principio en relación a los pregones, quisiera exponerles mi
humilde aportación a tantos y tantos trabajos preciosos que se han leído aquí.

Decía antes que esta Cañada es la más honda de La Montaña, refiriéndome
naturalmente a nuestro Municipio, pues quizás tenga parecidas dimensiones la de
Matas Blancas, nuestra vecina de la Atalaya de Guía. Una y otra acaban en el mar,
en forma de laderas con grandes llanuras. Tal vez éste fue el motivo que llevó a
José Zacarías Batllori y Lorenzo a publicar, en 1898, aquel interesante artículo que
forma parte de nuestra historia Batalla de Ajódar y Conquista de Gáldar. Con
toda seguridad, por aquí rodó el cuerpo de Miguel de Mújica cuando, después de
desembarcar en la Caleta de Arriba, se dispuso a acometer a los canarios que se
habían atrincherado en nuestra montaña, conocida en aquel entonces como Monte
Ajódar. Aunque algunos amigos me insistan en que se trata de una historia
idealizada, yo sigo convencido de que Ajódar es esta montaña. En una reciente
charla a la que asistí en La Escuela de la Universidad de Las Palmas de Gran
Canaria en Gáldar, el doctor en Historia Moderna don Pedro Quintana disertó
sobre Los ingenios azucareros y su impacto en el medio ambiente a partir del siglo
XVI, afirmando que la madera utilizada para los pilares y canales de los ingenios
de Guía y Agaete se extraía de los alrededores de esta montaña. Naturalmente, se
trataba en una época en la que se recibía nieve por el día y bruma helada por la
noche. El artículo dice así: con sus soldados y ballesteros y con un valor que le
cegó, trepó por la pendiente de la montaña; y como a la primera trinchera hecha
en la gruta que llaman Diego Herrera, donde ardían inmensas hogueras no
encontrase a nadie, pasó atrevido con los suyos el segundo parapeto, pero al
asaltar el tercero, salieron los galdarenses dando grandes gritos y silbidos y con
el arrojo y fuego de su sangre comenzaron a arrojar sobre los españoles afilados
pedernales y balas de piedra que salían de sus hondas como bala mortífera,
grandes troncos de árboles, piedras y moles de tierra desprendidas del risco, que
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