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que se dedique tiempo a los propios asociados, organizando actos socioculturales,
que es el objetivo principal para lo que se crearon estas entidades.
Recuerdo a este respecto la conversación que sostuve con el anterior presidente,
Alfredo Pérez Moreno. Perdió su puesto por falta solamente de tres votos: el de su
mujer, Pura Pérez Diepa; el de Alfredo, su hijo y el de su hija María Dolores. Me
imagino la decepción recibida ese día, pero también la alegría soterrada de su
familia: lo habían recuperado. Me atrevería a decir que fue María Dolores,
conocida de toda la vecindad, quien más lo agradeció, pues desde entonces, volvió
a disfrutar no solo de su madre y de su hermano sino también de su padre, en cuya
compañía acostumbramos a verla sentada en cualquier banco de la plaza, Su
actitud pacífica y cariñosa durante el buen rato que pasé en su casa me impresionó
bastante, así que desde aquí ¡muchas gracias, Maria Dolores!
Esto nos debería llevar a reflexionar, para la búsqueda de la mejor solución, y que
al actual presidente, Juan Agustín López García no le pase factura su familia. Juan
no sólo se ha entregado durante diecinueve años a la vecindad, sino que, por su
cargo, ha visto peligrar en más de una ocasión su puesto de trabajo, porque es
sabido que únicamente ciertos presidentes (hoy, afortunadamente, bastantes)
pueden obrar con plena libertad en aquellas cuestiones que contrarían al grupo
municipal gobernante. Desgraciadamente, aún tenemos que oírles decir: “Yo no
soy de ningún partido político, yo me debo a todos”. Creo que nuestros
gobernantes deben dejarles claro que contarán con su confianza para colaborar en
cualquier asunto, con independencia de su libertad para pertenecer a un partido u
otro
También se les debe ayudar para que en ningún momento sus familias se vean en la
situación de la de Alfredo, tenemos que lograr que la mujer de Juan, Eduvigis
Guedes González, y sus cuatro hijas -Eduvigis, Juana Teresa, Mari Cruz y Yurena-
no sólo le animen, sino que le ayuden, como ya le ayudó Mari Cruz en la
secretaría.
Quisiera hacer una llamada de atención para decir que no son los presidentes los
únicos que terminan consumiéndose en la entrega. Me atrevería a decir que otro
tanto ocurre, en mayor grado, con las secretarias y secretarios. Por esta Asociación
ya han pasado trece ocho mujeres y cinco hombres. La figura del Secretario es tan
importante como la de los propios presidentes, pues de ellas y ellos depende la
recogida de todas las opiniones que, ante cualquier asunto, manifiesten los
miembros de la Junta Directiva o la Asamblea de Socios, dando fe de las mismas
en las actas de modo comprensible. Y las actas son los instrumentos necesarios
para la mayor parte de los investigadores ya que en las mismas está recogido el
reflejo más fiel de la historia de cualquier institución, pública o privada. Por todo
ello, debo enumerar sus nombres: Gema Moreno Hernández, Jaime González
Rodríguez, Mari Carmen Betancor Jiménez, Paulino Quesada Ríos, José Luís
Bolaños Reyes, Mari Delia Quesada Ríos, Conchy García López, Mari Cruz López
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