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Reflexiones

Cadena de valor.
¿Quién invierte?.
El dinero invertido en las subastas de espectro radioeléctrico en Europa está ya des-
contado. Tanto accionistas como las propias empresas han pasado ya por cuenta de
resultados el enorme desembolso al que se tuvo que hacer frente en el año 2000.
Sin embargo, aquí no acabaron los gastos para las operadoras; la consultora iSuppli
estima que estas empresas deberán gastarse un montante equivalente hasta 2007 para
desplegar las redes UMTS. Ante tamaño gasto, algunas han optado por devolver a los
gobiernos las licencias por las que habían pagado para no tener que hacer frente a las
inversiones comprometidas. La apuesta ha sido (y está siendo) muy arriesgada. Las
operadoras de telefonía móvil son las más interesadas en que 3G resulte un éxito.
Pero otras empresas deberán también apostar por la nueva tecnología si quieren for-
mar parte de los beneficiados. Los expertos destacan que son los generadores de con-
tenidos y los fabricantes de terminales los que más deberán rascarse los bolsillos (des-
pués de las operadoras) para hacer de 3G una historia de éxito.
Alguno apuntó, por último, que dado el elevado "impuesto" que el sector privado ha
pagado ya a los gobiernos por tener acceso a la tercera generación de movilidad, éstos
deberían subvencionar parte de las inversiones necesarias mediante ayudas al desarro-
llo tecnológico e incentivos fiscales.
Ingresos.
En este punto es interesante desarrollar una cuestión previa que subyace al interés del
sector por impulsar la tercera generación de movilidad. Los expertos están de acuer-
do que no estamos ante una revolución, sino ante una evolución. Si esto es así, si real-
mente 3G no supone una ruptura tecnológica drástica, ¿por qué la industria de tele-
comunicaciones ha puesto tantas esperanzas en ello? ¿Por qué se pagaron cantidades
tan exorbitadas que han podido poner en peligro al propio sector?
A medida que ha ido aumentando la proporción de gente con teléfonos móviles, el
ingreso medio por usuario (ARPU, en sus siglas en inglés) ha disminuido. Esto se debe
a que los clientes más valiosos, los que más llamadas hacen y más servicios utilizan,
fueron los primeros en adoptar la tecnología. El resto de usuarios gasta mucho menos.
En un mercado saturado (que ya excede el 85% de usuarios en la mayoría de países
europeos), con precios cada vez más competitivos y una estructura de costes que exige
grandes tasas de crecimiento, el sector empezó a buscar la manera de ofrecer servicios
de valor añadido, tales como el vídeo y el acceso a internet. De ahí la importancia de
3G.
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