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campaña…y el lunes postelectoral suele aparecer alguna nota titulada “las encuestas
otra vez equivocaron sus predicciones” (porque se observaron diferencias de 3 puntos…).
5. Hacer predicciones electorales en Argentina es una profesión de riesgo. Con un
sistema de partidos casi irreconocible, nombres de fantasía (como Frente de la Esperanza
Victoriosa o torpezas parecidas), con candidatos inexistentes (nadie realmente con una
historia nueva que contar), la gente que ni siquiera recuerda a quien votó en la última
elección, con una crisis del 2001 que desguazó el sistema de identificación entre votantes
y partidos, con enormes presiones clientelares, etc. es casi un milagro que no se repitan
los fracasos con mayor frecuencia.
6. Por que, ¿cómo se hacen las predicciones electorales? En ausencia de una teoría de la
decisión electoral y la imposibilidad de aplicar modelos matemáticos de estimación
pensados para sistemas partidarios simples y consolidados, la única herramienta es la
enorme experiencia acumulada por algunos encuestadores. Piénsese en elecciones
bianuales desde 1983, más los referéndum y convencionales constituyentes, a nivel
nacional, provincial y municipal, para los poderes ejecutivo y legislativo ( diputados ,
senadores, concejales) y se tendrá una idea del monumental trabajo empírico que se ha
hecho en los últimos 25 años: miles de encuestas electorales que han conformado una
masa de información, de comparación, de analogías, de regularidades empíricas que
permiten que con sentido común, buena memoria y capacidad deductiva muchos
encuestólogos hagan pronósticos relativamente buenos. A falta de ciencia, experiencia.
7. Los “fracasos”, contados, generan una clima de incredulidad que no se percibe en
otras disciplinas. Cuando los economistas predicen inflación del 5% y resulta del 10%, o
dólar a 10 pesos y se queda en 3, no se organizan seminarios ni nadie se siente
demasiado alarmado por el error. En cambio, los encuestólogos no tenemos esas suerte.
Más aun: comienza a urdirse un sentimiento “contra” las encuestas que expresa
magníficamente un diputado, en su proyecto de ley para prohibir la difusión de
encuestas.
Dice el legislador ” Las encuestas son particularmente determinantes en la
estructuración de la campaña en los partidos. Estos sondeos no captan opiniones
movilizadas sino simples declaraciones en gran parte suscitadas por la misma
encuesta. (…)
Los sondeos y las encuestas permiten construir indicadores intermitentes del estado de
opinión de los electores, funcionan como un instrumento de predicción. Si bien reducen las
incertidumbres electorales, podemos afirmar que refuerzan los comportamientos que
podríamos denominar oportunistas en detrimento de opciones que eran
realizadas por convicción.”
El delirio anticientífico del legislador roza lo increíble: se dice que existe algo así cono
“Indicadores intermitentes” (Galtung tendría que explicarnos esta nueva categoría de
indicadores) y que las encuestas “refuerzan los comportamientos oportunistas en
detrimento de la convicción” O sea, los resultados de las encuestas se basan en el
"oportunismo" y no en las "convicciones" profundas de la gente. Y los lectores, pobres,
leen encuestas - así manipuladas- en los diarios que dicen que gana A ...y entonces
votan a A. El delirio de la manipulación perfecta.
La libertad de información molesta. Entonces, a regularla. Las encuestas no miden la
realidad, nos dice Santilli, la crean, no miden “convicciones” sino “indicadores
intermitentes”…
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