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Lo manifiesto y lo latente

Un concepto es una construcción mental, una etiqueta que se utilizará para denominar
una serie de fenómenos relacionados. Por ejemplo, “capacidad de compra” es un
concepto abstracto que puede diferenciarse en dimensiones que lo constituyes: Nivel de
Ingreso, Nivel de Información sobre productos, nivel de necesidades insatisfechas,
accesibilidad a la oferta, etc. Estas dimensiones son medibles empíricamente mientras
que el concepto es una propiedad no medible directamente si no a partir de indicadores,
o sea de propiedades manifiestas supuestamente ligadas al concepto. Ninguna
investigación mide directamente conceptos tales como “actitudes autoritarias”,
“propensión al consumo”, “Nivel de liberalismo” o “grado de satisfacción con el servicio”.
Esos conceptos, latentes, requieren de dimensiones manifiestas, indicadores, que son los
que pueden ser medidos.

Como apunta Manuel Mora y Araujo (Introducción a “Medición y Construcción de
Índices”, Nueva Visión) “La construcción de instrumentos de medición es un momento
crucial de la investigación. (…) Trabajar con instrumentos inadecuados puede tornar
irrelevante todo resultado aun cuando el resto de los pasos de la investigación haya sido
dado con sumo cuidado.
Y agrega
“Los principales problemas de la medición pueden entonces resumirse en
a) Qué observaciones seleccionar para formar indicadores de los conceptos latentes
b) Cómo manipular o combinar esos indicadores para obtener una medición del concepto
y c) cómo establecer si el concepto ha sido medido, en lugar de alguna otra cosa, o, como
suele expresarse, como establecer la validez de los indicadores”

Cuando el periodista o el analista instantáneo toma una sola de decenas de preguntas de
un cuestionario, un simple indicador que solo en combinación con otros permite – con
suerte- medir un concepto latente, y se lanza a interpretar ese resultado aislado,
proyectándolo como concepto complejo, que dará titulo a su comentario no hace ciencia:
hace caricatura. No investiga la verdad: instaura un procedimiento de bajo nivel de
reflexión, un empirismo raso que no conduce al conocimiento sino a la ilustración de
ideas, simplemente.
Pero suponemos que el demandante de estudios comerciales o institucionales, no quiere
unas preguntas aisladas para adornar una tesis conveniente, sino que requiere de una
medición de lo real, de un conocimiento que le permita tomar decisiones.


Conceptualización

Pero no es fácil conceptualizar adecuadamente fenómenos complejos que se intenta
describir.
Es bueno tener como inputs los resultados de discusiones grupales o “focus goups” con
usuarios o consumidores a fin de detectar disparadores lingüísticos que describan
determinado objeto. Es bueno también sumergirse en estudios previos, consultar
expertos, entrevistar a fondo a responsables del producto, etc. Lo malo es dejar librado
todo a la propia “intuición” y creer que la experiencia propia puede servir para evitar
estos pasos previos para la conceptualización.
Un médico que en base a un conjunto de síntomas diagnostica una posible enfermedad,
un detective que acumula indicios y termina con un perfil probable del asesino y un
investigador que mide indicadores directamente observables para tratar de medir un
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